La guerra del fútbol
8 noviembre 2011 | Por Editor | Categoria: Futbol, General
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Por Davit CarrerasEsta es una crónica deportiva que derivó en tragedia. Corría el año 1969, recordado porque el hombre pisó la luna, en Vietnam se desangraban y el movimiento hippy inundaba las calles de Norteamérica.
Ajenos a todo esto, un poco más al sur del continente, en Centroamérica sobresalían dos básicas obsesiones: la supervivencia y el fútbol.Las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador luchaban por la clasificación para el Mundial de 1970 que se celebraría en México.
Como narra el reportero de guerra polaco Kapuscinski:
“El primer partido se jugó el domingo 8 de junio en la capital de Honduras, Tegucigalpa. Nadie en todo el mundo prestó la más mínima atención a este acontecimiento.
El equipo de El Salvador llegó a Tegucigalpa el sábado, y todos sus miembros pasaron la noche en blanco en el hotel. No pudieron dormir porque fueron víctimas de una guerra psicológica que desencadenaron los hinchas hondureños. El hotel se vio rodeado por un hervidero de gente. La multitud arrojaba piedras contra los cristales y aporreaba láminas de hojalata y bidones vacíos. A cada momento estallaban con estruendo los petardos. Se disparaban en aullidos espantosos los cláxones de los coches que habían rodeado el hotel. Los hinchas silbaban, chillaban, proferían gritos llenos de hostilidad. El escándalo se prolongó durante toda la noche.
Y todo para que los jugadores del equipo contrario, sin haber podido pegar ojo, nerviosos y cansados, perdieran el paritdo.
En Latinoamérica, semejantes prácticas están a la orden del día, así que no sorprenden a nadie. Al día siguiente , Honduras venció al equipo de El Salvador, muerto de sueño, por 1 a 0”.
¡Terribles sucesos!¡Qué bárbaros estos centroamericanos!
Sin duda nos sorprenden estas prácticas a los aficionados del fútbol español.
Y sin embargo se ha informado de incidentes con los autobuses de algunos equipos de primera división. Se les apedrea, se increpa a los jugadores, se queman banderas y símbolos del equipo contrario. Se menta la madre del otro con fines legítimamente aceptados: Guerra Psicológica.
¿Dónde están los límites? ¿Los conoce el hincha? ¿Los distingue? Algunos dirán que son algunos hechos aislados, que son unos cuantos cavernícolas y mentecatos. Bueno, pues será eso.
En aquel primer partido disputado en Honduras hubo algún suicido y varios asesinatos. La fiebre del fútbol…
Al inicio del segundo partido en El Salvador, las afueras del estadio estaban tomadas por el ejército. Alrededor del campo mismo cordones de soldados del regimiento de élite de la Guardia Nacional blandían sus metralletas listas para disparar. Cuando sonó el himno nacional de Honduras, el estadio estalló en gritos, silbidos, abucheos e insultos, que no cesaron hasta la última nota. A continuación, en lugar de la bandera nacional de Honduras, que había sido quemada minutos antes para gran júbilo de los espectadores, locos de alegría, los anfitriones izaron en el hasta un harapo sucio y hecho jirones. Resulta evidente que dadas las circunstancias, los jugadores de Tegucigalpa no pudieron pensar en el juego. Solo pensaban en si iban a salir de allí con vida. “Menos mal que hemos perdido este partido”, dijo con alivio el entrenador de equipo visitante, Mario Griffin.
El Salvador ganó por 3 a 0.
¿Os suena? Todo un estadio a grito pelado vociferando improperios y vomitando toda clase de insultos al equipo contrario…
Sin duda nos sorprenden estas prácticas a los aficionados del fútbol español.
Y sin embargo tanto en Primera División como en las categorías inferiores, los gritos y amenazas al árbitro y al equipo rival son el pan de cada día. Esa despiadada bestia descontrolada en la que en muchos casos se transforma el aficionado, sigue pululando por los estadios y canchas de fútbol de todo el país.
Pero es que esta es la guerra del fútbol.
Unos meses atrás, después de la orgía de clásicos de Madrid/Barça y viceversa, Josep Guardiola entrenador del Fútbol Club Barcelona, dilucidó una preocupante afirmación:
“Un dia prendrem mal” (algo así como que un día nos haremos daño de verdad),
señalando la idea de que todo esto estaba sobrepasando el ámbito deportivo y adquiriendo tintes generadores de odio y violencia.
Las descalificaciones de unos y otros, la subjetividad partidista con que se manifiestan los medios informativos y la dureza empleada en el campo de juego llevó a esa reflexión del entrenador catalán.
De todos modos la temporada acabó y la sangre no llegó al río.
Las fronteras entre los dos países latinoamericanos se cerraron, la guerra duró 100 horas, sesgó 6.000 vidas, dejó a 20.000 heridos y 50.000 personas perdieron su casa.
¿Por unos partidos de fútbol? Os preguntaréis.
Habrían otras causas por supuesto, pero aquella clasificación para el Mundial fué la gota que colmó el vaso.
Derivó en la conocida guerra del fútbol. Un precio demasiado caro en nombre del deporte.
Deporte versus nacionalismo. Fútbol versus violencia.
¿Dónde están los límites?
¿Contribuímos con nuestro ejemplo para que eso no vuelva a suceder?
El tercer partido, el de desempate se disputó en un terreno neutral en México.
El Salvador ganó por 3 a 2. El partido más bello y el más igualado.
La guerra acabó y todos los observadores internacionales volvieron a mirar hacia otro lado. La guerra del fútbol había terminado. O quizás no…
Gracias Davit por tu colaboración.
Informa: DeporteBalear.com. Fuente: futbolpitiusoibiza.com







