Humanizando al árbitro: la historia de Martin Hansson

5 enero 2011 | Por Editor | Categoria: comunicados, Fútbol

“Tengo que evitar estar en el foco”.

Corría octubre de 2009 cuando uno de los árbitros más reconocidos del panorama internacional, el sueco Martin Hansson, pronunciaba estas palabras. Se refería a su gran sueño: ser elegido para participar, de negro, en el Mundial de Sudáfrica. Era consciente de la importancia de no cometer un error de bulto en lo que quedaba de clasificatorias, un error que desviara las cámaras del juego para centrarlas en su persona.

Como cualquier otro deportista de élite, la carrera de un árbitro depende de decisiones tomadas en cuestión de centésimas de segundo, en contextos de sobrepresión, sin posibilidad ninguna de rectificar o corregir un posible error. Hansson, tras haber realizado un gran trabajo durante años de trayectoria, ahora se encontraba en un momento clave. No fallar hasta final de año, era fundamental.

Sin embargo, un mes después ocurrió lo que más temía. En el partido Francia-Irlanda de repesca de clasificación al Mundial, Hansson daba validez a un gol ilegal marcado por Gallas en los últimos minutos de la prórroga. La imagen del Thierry Henry controlando el balón con la mano ante los defensas irlandeses dio la vuelta al mundo y causó la indignación de millones de personas que dirigieron sus miradas hacia el trencilla sueco. La gran mayoría de los aficionados desconocían quién era Martin Hansson el día anterior. Pero eso no fue óbice para que después de aquella acción se le relacionara con conspiraciones internacionales, fobias históricas y hasta sectas satánicas. Nada bueno se escribió de él en los meses siguientes. Hansson reconoció que se había equivocado, pero al parecer un árbitro no tiene derecho a hacerlo.

Quiso la casualidad que el realizador sueco Mattias Löw se encontrara en aquel momento realizando un documental en torno a la figura del árbitro y que el elegido para protagonizarla fuera precisamente Hansson. De ese modo, lo que nació como una película para adentrarse en las razones que llevan a una persona a realizar una labor en principio tan ingrata, devino en el retrato de un hombre sobre el que las miradas de todo el mundo se han posado para mal. Es el retrato de un hombre consciente de haber fallado en un momento clave pero que sin duda no merece tal acoso mediático y que en lo más profundo de sí mismo ansía que ese error y el juicio público no pesen más que toda una vida de méritos.

De este modo, bajo el título The Referee, Mattias Löw nos regala una película intimista, que busca humanizar al árbitro, subrayar su faceta más cercana a la de cualquier persona, con sus sueños, anhelos y frustraciones, con sus aciertos y sus errores. Es casi media hora de obligado visionado en un país como el nuestro, en el que somos tan dados a demonizar al colectivo arbitral, a convertirlo en una diana que al parecer tiene la obligación de soportar lo insoportable.

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