Volviendo la mirada hacia atrás: La primera ‘cuarentena’ del RCD Mallorca.

22 marzo 2020 | Por | Categoria: -Portada, 1ª División, Futbol, General

Viajamos en el tiempo

Estamos en noviembre de 1977. España se encontraba en plena Transición y hacía pocos meses que se habían celebrado las primeras elecciones libres después de muchos años de dictadura. Eran tiempos de cambio pero también de graves problemas económicos y el mundo del fútbol, y el Real Mallorca en particular, no escaparían de esa situación. El club, que por aquel entonces militaba en la Segunda División B, padecía una situación muy precaria y su economía agonizaba. Los jugadores de la primera plantilla llevaban meses sin cobrar, muchos de ellos, dependían única y exclusivamente de los ingresos del fútbol para subsistir y mantener a sus familias. La situación llegó a tal punto que la plantilla adoptó una decisión inédita hasta la fecha en el mundo del fútbol. Ir a la huelga. Parar. Encerrarse en el mítico Lluís Sitjar. Así pues, después del entrenamiento vespertino del 17 de noviembre de 1977, los jugadores del Real Mallorca no se marcharon a casa y empezaron su particular “cuarentena” en el Sitjar. Había empezado el primer encierro del fútbol mundial. Así lo recuerda uno de los jugadores que lo vivieron en primera persona, el hondureño Miguel Ángel Matamoros. “Fue un momento muy difícil. Nunca pensamos que podríamos llegar a esa situación pero por la mala administración del club, no nos quedó otro remedio que encerrarnos. Los jugadores nos reunimos y adoptamos esta medida que contaba con el apoyo del entrenador, Sánchez Alexanco. Sabíamos que no conseguiríamos nada pero aquella huelga sentó un precedente y puso las bases de la futura Asociación de Futbolistas”. Matamoros recuerda cómo lo hacían para pasar las horas de encierro en una época en la que no existían ni internet, ni teléfonos móviles, ni canales de televisión. “La verdad que estábamos entretenidos. Intentamos vivirlo con la máxima naturalidad posible. Éramos un vestuario con mucha gente jóven y hacíamos muchas bromas. Teníamos algunos futbolistas andaluces que nos contaban chistes, otros se dedicaban a contar historias y otros a bailar. Además, al estar encerrados en el Lluís Sitjar, entrenábamos todos los días y nos manteníamos en forma. Hubo aficionados y empresarios de la zona que nos trajeron mantas y colchones para poder dormir mejor. La gente se portó fenomenal con todos nosotros. Aquellos días nos las ingeniamos para sobrevivir”. Aquel pionero encierro tuvo mucha repercusión mediática, no solo en la isla sino a nivel nacional e internacional. Todos los días, el capitán de la plantilla y líder de aquella huelga, Pepe Nebot, hablaba por teléfono con el periodista deportivo más escuchado de la época, José María García. “Por supuesto no había móviles y la llamada que hacíamos a García era a través de una cabina de teléfono que había fuera del Estadio. En las oficinas del club sí había teléfono pero el presidente nos lo había cortado”. Dada la dramática situación y, en un intento de dar por cerrada la crisis, el presidente de la gestora del club, Guillem Ginard, extendió a los jugadores un talón para cubrir parte de la deuda que tenía contraída con ellos. Habla- mos de más de cinco meses de sueldo.

Pero cuando los jugadores abandonaron su clausura para ir al banco a cobrar, se dieron cuenta que esos talones no tenían fondos. “Fuímos al banco desconfiados y tan sólo pudimos constatar nuestros temores. Los talones no tenían fondos. Nos habían vuelto a engañar y decidimos volver a encerrarnos en el Sitjar”. El encierro, su particular ‘cuarentena’, se prolongó cerca de una semana y no sirvió para que los jugadores cobraran. El club terminó descendiendo a la Tercera División y estuvo cerca de desaparecer. Muchos jugadores se fueron, otros se quedaron para seguir jugando en el equipo de sus amores pero teniendo claro que nunca cobrarían la deuda pendiente. De hecho, muchos de esos jugadores siguen conservando hoy en día esos talones. Seguramente, el banco en donde tenían que cobrarlos ya no existe. Tampoco el Sitjar. Pero sí el recuerdo, que sigue vivo en sus mentes.

“Sabíamos que no conseguiríamos nada pero
aquella huelga sentó un
precedente y puso las bases de la futura Asociación
de Futbolistas”

Fuente R.C.D.M

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